
El Ritz París pertenece desde 1979 a Mohamed Al-Fayed, empresario egipcio, quien ha llevado a cabo la transformación más ambiciosa de su historia. Tras su compra, el establecimiento ha experimentado varias cierres por obras y una profunda modernización, mientras preserva su imagen de ícono de la hotelería francesa.
A diferencia de la mayoría de los palacios parisinos propiedad de grandes grupos internacionales, el Ritz sigue siendo de propiedad exclusiva de una sola familia. Este estatus atípico contribuye a su singularidad y a su independencia, a pesar de las evoluciones del sector. Las sucesivas transformaciones del Ritz han moldeado así una identidad única, entre herencia y renovación.
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El Ritz París, espejo de una historia fascinante y de un arte de vivir a la francesa
Ubicado en la plaza Vendôme, el Ritz París se erige desde 1898 como un testigo privilegiado de la elegancia y el refinamiento a la francesa. El establecimiento encarna la audacia de César Ritz, este visionario suizo que redefinió los códigos de la hotelería de lujo. No es únicamente su arquitectura, firmada por Charles Mewès, lo que atrae la mirada: también son los salones históricos, la legendaria Suite Imperial y espacios que se han vuelto míticos, desde el Bar Hemingway hasta el Salón Proust, los que dan al lugar toda su resonancia.
La gastronomía ocupa un lugar aparte. Desde sus inicios, Auguste Escoffier ha sacudido las tradiciones culinarias, imprimiendo al Ritz una marca indeleble. Hoy en día, el Espadon, bajo la dirección de Eugénie Béziat, continúa este trabajo de inspiración y exigencia. También es aquí donde la Escuela Ritz Escoffier forma cada año a una nueva generación de profesionales apasionados. Así, el Ritz se convierte en cuna de ideas y revelador de talentos: no solo alberga la historia, la moldea a su manera.
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Pasar la puerta del Ritz es cruzarse con la sombra de Marcel Proust, cliente fiel y observador agudo, pero también con la de Coco Chanel, quien residió allí más de veinte años. Winston Churchill, Scott Fitzgerald, Jean Cocteau, Colette, Charlie Chaplin: la lista de huéspedes ilustres da vértigo. De un pasillo a otro, cada rincón lleva la huella de estas vidas entrelazadas con los vaivenes del siglo XX, desde la Resistencia hasta los Años Locos, hasta las grandes metamorfosis del nuevo milenio.
El propietario actual del Ritz París se inscribe en esta continuidad, cuidando de preservar el espíritu del lugar mientras lo abre a los nuevos códigos del lujo y del diseño. Esta preocupación por la transmisión garantiza al Ritz un lugar especial en el paisaje hotelero mundial: aquí, el prestigio no se desvanece, se reinventa para seducir a una clientela cosmopolita en busca de experiencias raras, de tradición y autenticidad.
¿Quién posee hoy las llaves del Ritz? Retrato del propietario actual y su visión
En 1979, se pasó una página. La familia Ritz se desvaneció, dejando a Mohamed Al-Fayed escribir un nuevo capítulo para el hotel de la plaza Vendôme. Este empresario atípico, también conocido por haber dirigido Harrods en Londres, no ha escatimado esfuerzos ni inversiones para devolver al Ritz todo su esplendor. A través de vastos proyectos de renovación, ha optado por preservar el alma del palacio mientras lo impulsa hacia la modernidad.
El proyecto de Al-Fayed: hacer dialogar herencia e innovación, afirmar una visión sin concesiones sobre la calidad y la estética. Ha supervisado personalmente las grandes orientaciones, insuflando un estilo donde la tradición se conjuga con la vanguardia. ¿La transformación más destacada? La realizada de 2012 a 2016, que permitió al Ritz recuperar su esplendor mientras integraba equipamientos tecnológicos discretos y una oferta de servicios repensada para los viajeros de hoy.
La estrategia del propietario se basa en varios ejes claros:
- Preservación del patrimonio arquitectónico y de saberes excepcionales;
- Innovación permanente en los servicios y la experiencia del cliente;
- Mantenimiento de una independencia rara en el mercado de los palacios, lejos de las lógicas de grupo.
Resultado: el Ritz París sigue siendo una referencia internacional, apreciado por su capacidad de conjugar tradición y creatividad, de atraer a una clientela fiel y de mantener una reputación impecable en el universo del lujo.

2025: ¿qué evoluciones para un palacio eternamente reinventado?
A las puertas de 2025, el Ritz París continúa su camino, manteniendo el rumbo hacia la modernidad sin renegar jamás de su pasado. Las obras de renovación dirigidas por Thierry Despont y Atelier COS han permitido integrar sutilmente los últimos avances técnicos mientras se respeta el espíritu de los lugares. El diseño evoluciona, guiado por una exigencia de confort, discreción y respeto por el marco histórico.
Esta búsqueda de renovación se manifiesta en todas partes: desde la minuciosa renovación de las maderas hasta la integración de soluciones energéticas eficientes, cada detalle recibe una atención meticulosa. Los espacios emblemáticos como los salones Proust, Pompadour o Vendôme ahora acogen una programación variada, entre eventos privados, desfiles y encuentros culturales, participando en hacer brillar el palacio más allá de sus muros.
La gastronomía sigue siendo un pilar. Eugénie Béziat, en el Espadon, continúa la tradición de excelencia en la cocina, mientras que François Perret reinventa la pastelería en el Ritz París Le Comptoir. Esta dinámica impregna los diferentes espacios: el Ritz Club & Spa, las suites temáticas, cada experiencia está pensada para satisfacer las expectativas de una clientela internacional, ávida de singularidad y excelencia.
La distinción de palacio otorgada por Atout France no se detiene en un reconocimiento simbólico: valida un arte del servicio y una capacidad de reinventarse constantemente. En 2025, el Ritz París sigue siendo más que nunca ese lugar donde la historia se escribe en el presente, un referente donde el lujo se vive con naturalidad y donde cada estancia se asemeja a una pausa extraordinaria.
En la agitación de la plaza Vendôme, el Ritz continúa atravesando épocas, fiel a su promesa: ofrecer, a cada generación, una experiencia que marque y perdure.